PERSÉFONE… Reina de los muertos

 

 

 
La que lleva la muerte” es hija de  Zeus y Deméter. En la mitología romana  fue  llamada Proserpina.
La figura de Perséfone es actualmente muy conocida. Su historia tiene un gran poder emocional: una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto y el regreso de su hija. También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de la diosa provocando el cambio de estación.
La versión del mito es la siguiente:
Mientras estaba recogiendo flores con sus compañeras en un prado, la tierra se abrió y Hades, dios de los muertos, apareció y se la llevó para que fuese su reina en el inframundo. Antorcha en mano, su afligida madre Demeter la buscó por todo el mundo, y al no encontrarla prohibió a la tierra seguir creciendo. Así todo aquel año no creció una sola brizna de hierba, y los hombres habrían muerto de hambre si Zeus no hubiese persuadido al Dios del inframundo de que dejase marchar a Perséfone. Pero antes de permitirle marchar Hades le hizo comer la semilla de una granada, y que así no pudiese permanecer alejada para siempre. Por esto fue acordado que pasaría dos tercios  de cada año con su madre y los dioses del cielo, y el resto del año con él bajo la tierra.
Cuando Perséfone vuelve con su marido al infierno en el otoño, es cuando las hojas se caen y la tierra no da frutos, es cuando Démeter se desespera, y cuando Perséfone vuelve a la tierra, en primavera es cuando las flores florecen y la tierra se vuelve fértil de nuevo, dado a la alegría de su madre.
Ella era además la terrible Reina de los muertos, cuyo nombre no era seguro pronunciar en voz alta y a la que se referían como «La Doncella». Como esposa de Hades mandaba a espectros, gobernaba a los fantasmas y llevaba a cabo las maldiciones de los hombres.
Perséfone, como reina del Hades, sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de Orfeo era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a su esposa, Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero falló, al mirar atrás casi al final para asegurarse de que su esposa le seguía, y perdió a Eurídice para siempre.

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