HEFESTO… Dios del fuego y la forja.

 

Su equivalente aproximado en la mitología romana era Vulcano. Su identificación con Vulcano no es adecuada: su fuego no es destructor. Es un genio deforme y maltratado, objeto de risa, pero al que todos acuden al necesitar joyas, armas o máquinas sutiles. Popular en la tierra y en el cielo.
Hijo de Zeus y de Hera. Algunas leyendas sostienen que su madre  lo expulsó del Olimpo debido a que era cojo y deforme, otras que fue su padre quien lo arrojó a causa de una conspiración de Hera y Hefesto para derrocarlo. Sea de una forma o de otra, su cuerpo cayó al mar donde dos nereidas, Tetis ( Madre de Aquiles) y Eurínome lo recogieron y lo cuidaron en la isla de Lemnos hasta que crecio.
La apariencia física de Hefesto indica arsenicosis, es decir, envenenamiento crónico por arsénico que provoca cojera y cáncer de piel. El arsénico se añadía al bronce para endurecerlo y la mayoría de los herreros de la Edad de Bronce habrían padecido esta enfermedad.
Hefesto fue creciendo y se hizo un hábil artesano en la elaboración del hierro y otros metales. usando sus conocimientos, elaboraba para sus madres adoptivas hermosas joyas. Sucedió que Tetis, una de ellas, acudió a una fiesta en el Olimpo, luciendo una preciosa joya que había sido confeccionada por Hefesto, el adorno despertó la envidia de la diosas, especialmente de Hera, quien obtuvo de Tetis el nombre del orfebre. Hera pidió a Hefesto que regresara al Olimpo, deseo que no obtuvo, a pesar de los ruegos que Tetis y los dioses le hicieron, entonces intervino el dios Dionisio, quien mediante una pócima logró la promesa de Hefesto de acudir a la llamada de Hera. No obstante el dios de la fragua quedó contrariado por la palabra dada en contra de su verdadera voluntad, por lo que envió a Hera un trono de oro del cual, una vez que se hubo sentado, su madre no pudo levantarse, así que, dueño de la situación, impuso severas condiciones para regresar al hogar de los dioses, una de las cuales fue contraer matrimonio con Afrodita, diosa del amor.
Se creía que el taller de Hefesto estaba situado bajo el Etna. De su cráter se decía que salían tales llamas que un pedazo de hierro que se dejara por la noche en sus aledaños, aparecería por la mañana ya forjado. Sería en este lugar donde Hefesto, después de ser expulsado del Olimpo, decide establecer su hogar y su fragua dentro de una ígnea caverna. Pero además cuentan las más antiguas narraciones clásicas que Prometeo robaría allí el fuego de los dioses. En este mítico taller de Hefesto no sólo se forjaba el hierro, sino que también, el nutrido grupo de operarios a su mando, mantenía febril actividad en torno a la construcción de diversos objetos con materiales nobles. Y, así, pronto cumplimentarán encargos que quedaron grabados en la mitología como verdaderas obras de arte. Entre ellos se encuentra el más hermoso de los escudos que imaginarse pueda, contra él nada podían, ni flechas ni dardos enemigos.Fue fabricado, por encargo de Afrodita, para defensa y orgullo del héroe Eneas. Otra de las obras que salieron de la mítica fragua de Hefesto fue el radiante y ostentoso carro que conducía el hijo del titán Hiperión, es decir, Helios.  El hermoso carro de Helios iba acompañado por cuatro hermosos caballos que tiraban de él con inusitado brío y cuyos nombres hacían alusión al fuego, a la radiante luz, al calor y a la claridad: “Ardiente”, “Resplandeciente”, “Brillante” y “Amanecer”.
Hefesto también creó diversas criaturas:
Talos, el gigante de bronce guardián de Creta. Las doncellas doradascon la apariencia de jóvenes mujeres vivas. Se decía que poseían inteligencia, fuerza y el don del habla. Atendían a Hefesto en su palacio del Olimpo. La primera mujer, Pandora.
A pesar de estar casado con Afrodita, no tuvo descendencia con ella, su desgraciado matrimonio con ella  fue lo que le impulsó a asaltar a  Atenea cuando ésta acudió a él por nuevas armas  pero su semen cayó en la pierna de la diosa, y ésta lo limpió con un trozo de lana que tiró al suelo, surgiendo entonces Erictonio (uno de los reyes de Atenas) de la tierra y la lana. Atenea crió entonces al bebé como una madre adoptiva.
Hefesto fue también padre de los siguientes mortales:
Caco, un bárbaro gigante lacio al que mató Heracles. Pilio, un hombre de la isla de Lemnos que curó al héroe de la guerra de Troya Filoctetes de su mordedura de serpiente. Radamantis, uno de los jueces de los muertos.

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