EL PUERCO ESPÍN… Un premio al ingenio

 

 

Los Chippewas, pueblo indigena de Canadá tambien conocido por el nombre de ” Ojibwas”, aseguraban que hace muchos, muchos años, antes de que todos naciéramos  y de que el mundo fuera mundo, el puerco espín no tenía esas púas afiladas que ahora le caracterizan, sino una piel suave y sedosa. De ese modo, cuando algún animal grande y feraz atacaba al puerco espín, a este indefenso animalito solo le quedaba una solución, trepar hasta lo alto de un árbol y esperar a que pasara el peligro.
Pero en cierta ocasión un pequeño puerco espín se subió a un árbol de espino tratando de huir de un oso y, al notar como pinchaban sus ramas, se le ocurrió una ídea; ponerse algunas sobre el lomo y encogerse como una pelota. Cuando el oso intentó atraparlo, se pincho y, dolorido, terminó por marcharse sin haber hecho ningún daño al pequeño animal.
El dios Manabozho, el Gran Espiritu o Gran Manitú, lo había visto todo y estaba sorprendido por el ingenio del puerco espín, de manera que decidió concederle un premio. Aquella noche, mientras dormia, le extendió un poco de barro sobre el lomo y a continuación le pegó unas cuantas ramitas de espino, creando una superficie erizada. Desde ese día, todos los puerco espines tienen púas para protegerse de aquellos animales que quieren atacarlos.
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